Algunas
veces encuentras en la vida una amistad especial, muy distinta a otras
que pasan por tu camino, ese alguien que al entrar, normalmente te
cambia la vida por completo. Reír sin cesar al roce del doler perfecto.
La amistad verdadera, sí, esa tan codiciada...
te hace creer que en el
mundo realmente, sí hay cosas buenas y te convence de que hay una puerta
lista para que tú la abras y que en la vereda de esa puerta, las cosas
que te esperan, siempre serán buenas.
Sí, lo tengo claro, esa esa la buena amistad, la de verdad, la que esperamos que dure para siempre, hasta que la vida quiera.
Compartimos
nuestra existencia con dos grupos, nuestra familia y nuestros amigos,
un constante juego de sentimientos. Ambos son fundamentales.
Los
amigos, te arrancan tú mejor sonrisa cuando más te hace falta, y te dan
las mano cuando te pierdes. Hace tiempo me dí cuenta, de que soy una
gran afortunada.

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